Pequeño suicida,
dale vuelta a la ruleta.
Cansada va tu encorvadura,
generando una momia de lobo hambriento.
Tu cuerpo ahora se disfraza de piedra.
Ni la sombra resbala en tus labios de cera,
donde yace tu sensualidad felina.
Tu sentimiento lo guardamos lejos,
donde nadie oiga el aullido de la bestia.
Todos queremos olvidar su rostro de piedra,
sus trémulas manos ante el sol,
que sabe a lluvia y enrojecen su rostro.
Aun maquillado de ceniza.
La ruleta arropa al niño,
dentro de un tren fantasma.
Pequeño suicida.
Dale la vuelta a la ruleta,
ya me cansó tu rostro de piedra.
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