Es un lobo,
que sabe pasear por la vereda.
Es blanco,
y lleva la cabeza en punta.
Su mirada es un círculo romántico perdido.
Como mí domingo.
O tal vez como cualquiera de mis tardes,
al café.
Es mi juego.
Y él sabe llevarlo.
Es un amor que cuesta desprecio,
por dejarme ir tan lejos.
Tan fuera,
que ni yo me veo volver.
Hormigas y humanos,
Ahora nosotros conducimos…
Y es un tranvía el camino,
hacia ninguna parte.
Justamente el límite,
de mi lobo blanco.
Él nos pintará un fresco colorido,
diciendo:
¨ Toda la esencia humana es una
pócima de amor extraterrestre¨
Nosotros nos dedicamos a observar…
A mí particularmente me gustan los pies,
y el arco de las axilas suaves.
Ayer olvidé esos olores.
Tal vez porque las veredas
le pertenecen a mis ojos…
Sólo un planteamiento visual más…
Hoy el cerebro es una mascota que doma.
Tal vez que dopa,
como un doctor en noche negra.
Es mucho tiempo pensando en nada.
Y la nada siempre fue mi boleto preferido,
igual al tuyo.
Así me dijiste que funcionaba el mundo.
Yo, lo olvidé.
Y traté de morir de amor.
Lamentablemente a tu amor,
le faltó un poco de filo.
Me autodenomino un espía sin hallazgos.
Tal vez una ingrávida pelota de ping pong,
en algún rollo coreano.
Te hablo desde mi rincón que contempla
hurgando entre las luces amarillas.
Mordiendo tus partes blandas,
dibujando las formas de tu piel aguda
dentro de mi máscara salada.
Me vi una vez más.
¡Qué horror!
Amarren a ese loco.
No lo quiero nuevamente en mi cama.
Tú, ¿ te darías el tiempo?
Notable ejercicio de sensibilidad
ResponderEliminarde momento demasiado pictórico
y por tanto hiriente
si acaso alguna ves también
afilamos nuestros dedos
y doblamos el boleto a casa
Él nos pintará un fresco colorido,
ResponderEliminardiciendo:
¨ Toda la esencia humana es una
pócima de amor extraterrestre¨
quizás cantado a comparsa de las muy tantas noches solteronas y despistadas...
y claro con nada nadita llegamos a ese despegue de quimera,
siendo espías de aquella sorpresa de gratos momentos...que los prefieros rojos y violetas,
si nos da tiempo,