Darte una sonrisa,
significa entregarte mi estado.
Arriesgarme una vez más.
Pálidos y azules
viajan mis dedos anacrónicos,
imitando al insecto que teclea el piano.
Yo era una estatua,
sin cristal y sin niebla.
Como un espejo embelesado,
rodeado de baile a pies descalzos.
Ahora soy un muñeco,
no el humano que buscan.
Es una sombra sin contexto,
el rey de su propia alcantarilla de pixeles.
Me aburrí de ser protagonista.
Recurro al caballo marginal,
descendiendo y humillando la luz,
improvisando las pocas gotas de agua de mi pecho.
Como una visión en dos dimensiones,
en un plano atardecer de abejas sin panal.
La poesía me obliga
a querer escucharme,
a violarme de sadismo.
Autista de la masa,
que busca la muerte del tiempo.
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