Entre mis ojos veo dragones,
volando en viento rosa.
Soy un espíritu justo en el centro.
Entre sus pensamientos,
nace pasión.
Surgen visiones salvajes,
de amor y de victorias.
La sonrisa es mi dulce y mi gracia de niño.
Somos de esa luz.
Tú también me ves.
Con la inocencia de la fiera
me dijiste, levantando vuelo inesperado:
“...yo solo sé de amor…”
Fluye en gaviota fantasma de mi pecho,
esperando mí flecha intacta.
Te cante a mis largos gemidos de animal en paz.
Hoy en sol disminuido.
Así dice la canción, preciosa.
Y los porros salen,
no piensan si aciertan.
Es parte de la poesía del terrestre.
Volando bajo,
como las frutas prohibidas,
que abultan mi entrepierna.
Tal vez no fue la idea sino la intención,
de escribir e ir rápido.
Como la realidad,
un poco desfasada.
Así tal vez recuerde que siempre olvido,
como un vidrio empañado y un baile cercano,
apretando tu piel.
Un techo y una idea para el gato,
una copa de vino y el humo…
Nuestro amigo rojo.
Tu amigo ultramar.
Ahora preciosa, ¿volveremos a pasear en balsa?
O tal vez las brisas del mar le traerán un sonido al caracol.
Susurro al oído.
Susúrrame bien.
Mírame como sabes.
Fiera, pequeña fiera.
Hoy me dicen que vendrás,
Una vez más a mi fiesta.
Tal vez me encapsule en traje,
o regularmente solo seré yo.
Aun así, baje de la nube.
Y estoy aquí.
Te prometo no olvidar el silencio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario