Sus ojos me penetran sin temor, esas caricias que provienen de su precipitado
pero elegante acicalamiento me dan mucha envidia y ganas de querer ser un
ser mas grande.
Veo esas cuatro cándidas patitas blancas, una de ellas tiene una hermosa
mancha en la parte interior del talón izquierdo aludiendo a una vaca felina o
una posible fuga de espesas nubes en un buen día de verano; en fin…
Soy redundante al proponer ser un ser mas grande, solo para acicalarme como
ella o si se pone engreída, como de costumbre, tener la fuerza para poder
apretujar su abultado vientre casero.
Según aquellas personas gigantes provistas de temerosos harapos, ella … Sí;
ella¡¡, la panzona, era una intrépida, ágil, juguetona, pendeja y risueña felina
dueña de los finos sillones por las tardes solitarias, de los estantes altos
abultados de papeles que fingen camas y las tinas de baño por las noches de
esta acogedora celda.
Mi flamante vuelo intriga su cobijado instinto, sin embargo nada le molesta mas
que el ruido de aquella lejana habitación, que suena, resuena y planea con
mucha vehemencia. La asusta y la vuelve aun mas insana. Solo escapar e
intuir una mente podrida al asecho de lo que se podría denominar “acorde” es
valido en su vida bipolar y horario rutina de vida, además obviamente de
divertirse (cuando quiere) con colores y formas que se mueven por esta agitada
dimensión.
Ella me vuelve a penetrar con su mirada color amarillo. Se estira, bosteza como
un ángel dopado y se retuerce tal cual acordeón con severo calambre.
Ahora si…aplica su intrépida caminata-trotada, se dirige hacia mi, me muestra
sus garras transparentes inofensivas al tacto de su amo, y yo una ves mas no
se que hacer.
Mi misión es solo la de buscar luz, porque tengo miedo de perderme en la
oscuridad, ya que como dije con anterioridad soy un ser extremadamente
pequeño, además no entiendo esa persuasiva condena. La orate panzona me
mira a lo lejos; yo floto en una distancia gigante, trato de evitar aplausos
gracias a mi faena volátil y los vientos me complacen al arroparme cual gaviota
púrpura inconscientemente tras esos frecuentes vendavales. Y la veo una vez
mas echada en el sillón de la gran sala con alfombra blanca, cuya terraza sobre
iluminada y superpuesta nos regala a todos los que habitamos este “hogar” en
las alturas, a la cabeza de la ciudad, un súper cóctel de colores urbanos.
Aquél ser gigante; llamémoslo: “Coki”, se acerca hacia la panzona. Ella se
contornea, gime y maúlla excitada, se hecha boca abajo girando levemente
para así descubrir su voluminoso y pomposo estómago que mas bien parece
un panal de abejas perteneciente a un paraje gélido del cerebro de Coki.
Sus formas torpes de amor atiborraron pronto a la panzona engreída. Ella una
vez mas se incorpora, finge acordeón fusionado con ángel y se retira tal cual
Femme Fatale, dejando una estela de vientos oscuros tras esa mirada de
azúcar perdida.
En realidad admito que en estos momentos tengo una fuerte fijación ante esa
panzona, casera, asesina y ramera que intenta recuperar su instinto
zampándome un garraso.
¿ Por qué se deja violar por Coki y por todos los demás ?
¿ Por qué gozan tanto ese ultraje de fría camaradería ?
Me dispongo a seguirla. Una vez mas seres de plástico, gigantes y lánguidos
engrandecen mi faena volátil forzando un paroxismo por los viajes largos
dentro de este inmenso hogar.
El piso a cuadros me da una buena sensación de pista de aterrizaje. Los
retratos que cuelgan de las blancas paredes merecen el poco respeto que le
tengo a Coki, ya que me confirman su pésimo gusto.
… el camino continúa … Puta madre¡¡ , la puerta se va cerrando. PLOP¡ cerró
y felizmente logramos la meta.
Embestida de sonido, Coki toca un trozo de madera con cuerdas que prende
de un cable que se conecta a mas cables y estos a su vez retroalimentan a las
cajitas que se anexan a una súper caja matriz que en este momento destruye
nuestros tímpanos.
La habitación es colorida, me dictan un folklore del alma bien cultivado. Sin
lugar a dudas, esta no es la habitación de Coki … sin embargo, él origina esos
torrentes melodiosos y en su cambiante estado cacofónicos alaridos que erizan
a mi pobre, hermosa, puta y engreída panzona.
Ella al percatarse de mi menuda presencia , lanzó una amarilla mirada copando
todo mi campo de sensibilidad.
( En un primer instante la seguí de curioso, además sabía que se dirigiría a un lugar caliente, en consecuencia, con luz, así que todo estaba bien.)
Pero ahora no
Ella me quiere matar y yo la amo.
Ella se desdobla con la cacofonía que emana el tonto Coki. La panzona no
reacciona, una ves mas seré su utopía de graduación en instinto animal
verdadero, pues sus actuales técnicas de caza son inefables a mi risa.
Solo la hacen ver mas hermosa
¿hermosa?
¿amor?
Diosa felina contorsionista de la sensación y alma promiscua de las caricias
plásticas que no entienden ni aprecian ninguna de tus danzantes, finos y
lúcidos movimientos alternando todas estas exquisitas descripciones con un
simple encasillamiento de antisocial, independiente o desarraigada.(todos andan apurados)
La panzona está junto a la puerta. Me mira con rencor y las garras
transparentes amenazan mi vuelo, pero vamos¡¡, nunca podrás alcanzarme;
menos con ese fondo musical que te atormenta.
Se me ocurrió algo; dicen que la pasión y el ser romántico es lo mas válido
para cumplir tu misión en el mundo y mas aún si mi viaje por este hogar-
dimensión es tan corto.
La pasión se manifiesta como tal en este instante, debo hacer lo que me dicta
mi pequeño corazón, puesto que sufro mucho viendo a mi panzona
retorciéndose con los ojos doblados sin poder recibir caricias ni amor .
Finalmente, mi última faena volátil desencadenará el término del sonido, la
vuelta al mundo consciente por parte de Coki, mi muerte antecedida de un
memorable aplauso y posteriormente la apertura de ese plateado pestillo que la
dejará libre de esa cacofonía que nadie entiende ni quiere escuchar.
… para hidratarte debes ir a la cocina Coki, eso hasta yo lo se.
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